«La curiosidad mató al gato», no al traductor

A principios de octubre, un excompañero de trabajo se comunicó conmigo:

—Ale, tenemos que traducir de inglés a español un curso en línea sobre la técnica del insecto estéril para técnicos de programas de control de plagas.

—Entiendo. Gracias por pensar en mí. ¿Crees que sea yo la persona más adecuada? —sobre el síndrome del impostor ya habló mi querida Scheherezade Surià en Instagram hace unos días.

Prosigo.

—Claro que sí. Con todo lo que sabes y aprendiste sobre el tema cuando estuvimos en el Programa [Moscamed], estás más que preparada.

Entonces, rebobinemos un poco el caset —a ti, lector joven, te pido que disculpes mi referencia a algo tan antiguo como el caset, pero es lo único que se me ocurre a esta hora—: ¿por qué este excompañero creía que yo era la persona adecuada? ¿Por qué tenía la impresión de que yo había aprendido lo suficiente después de haber trabajado seis años y medio en el programa?

Pues bien, luego de reflexionarlo unos días, saqué algunas conclusiones que te comparto a manera de recomendaciones:

  • Ten curiosidad, muestra interés

Antes de volverme autónoma, trabajé en una academia de traducción, en una ONG de Derechos Humanos, en Save the Children y en el Programa Moscamed. En todos ellos trabajé como asistente, pero el otro denominador común es que en cada uno decidí devorar manuales, resúmenes de actas, folletos y cuanto documento pasó por mis manos. Y lo hice, no solo para hacer mejor mi trabajo, sino porque la curiosidad es algo me ha acompañado toda la vida.

Y en la medida en que mostraba más curiosidad e interés por los temas que cubría cada institución, mis jefes me delegaban más actividades menos secretariales y, claro, eso me animaba a seguirme involucrando y el círculo se completaba.

  • Nunca subestimes el conocimiento nuevo

Entretanto, yo tenía claro que no quería ser secretaria ni asistente toda la vida. Tenía una meta fija: quería dedicarme a la traducción. No sabía cómo, no sabía cuándo, aunque sí sabía que mi interés eran los Derechos Humanos —aunque luego fue otra la especialidad que me encontró y me enamoró, pero eso te lo cuento en otra entrada—.

Bueno, volviendo al tema, en cada oficina me dediqué a consumir y a aceptar con los ojos abiertos toda la información y el conocimiento nuevo que podía. ¿Incluso en el programa sobre bichitos? Sí, incluso ahí. Porque siempre me gustó la ciencia y la biología, y porque para los traductores nada cae en saco roto, tal como intento confirmártelo yo con esta entrada y como lo demostró mi querida Eugenia Arrés hace unas semanas con esta celebración.

  • Pregunta, pide, haz

Algo que aprendí siendo asistente es que la pregunta siempre es buena consejera y una buena amiga. Cada vez que me pedían que hiciera algo que para mí era nuevo, me aseguraba de leer las instrucciones con mucha atención y, si al final algo no acababa de quedarme claro, pues preguntaba o pedía alguna aclaración. Aquí entra en juego, de nuevo, la curiosidad.

Y al respecto, abro paréntesis, algo que no nos cansamos de repetir los traductores es que no hay que tener miedo de preguntarle algo al cliente o a las gestoras de proyectos si algo del encargo no quedó claro. Hacer preguntas en el momento adecuado evita que cometas errores, que hagas trabajo de más —o de menos—, o que entregues algo que no cubrirá las necesidades del cliente. Con este proyecto tuve que hacerlo. Mi amigo me había dicho que sería un documento Y el curso en línea. Al final, resultó que sería solamente el curso. Como siempre, valió la pena preguntar.

Y sobre hacer preguntas en el momento oportuno nos habla también mi querida Merche Tabuyo aquí.

Finalmente, y volviendo al tema —a ver, querido lector, no me dejes distraerme porque se me da facilito—, cuando todas las dudas quedaban aclaradas y ya había pedido los documentos o la información que necesitaba para cumplir con lo que me pedían, pues me ponía manos a la obra, y mi amigo se quedó con esa impresión de mí: de ser una persona comprometida, atenta a los detalles y profesional.

En suma, si estás leyendo esto y aún no te dedicas de lleno a la traducción, ten paciencia y no desaproveches cualquier información especializada que recibas, sea del campo que sea, porque no sabes cuándo te servirá. La curiosidad es una virtud cuando te dedicas a traducir.

En cambio, si ya te dedicas a la traducción… pues te digo lo mismo. En mi experiencia, con nosotros nada, nada se desperdicia. Si llega a tus manos información interesante, aprovecha a guardar la fuente en tus marcadores, busca otras, contrasta la información, que nunca se sabe cuándo te vendrá bien. Mira que nunca imaginé que luego de cinco años de no haber oído nada más de moscas, iba a encargarme de un proyecto tan interesante y cuya terminología y fuentes fiables sé dónde encontrar y discriminar.

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2 comentarios en “«La curiosidad mató al gato», no al traductor

  1. Hola, Ale, soy traductora y me pareció muy interesante y útil esta publicación. Acabo de descubrir tu blog, pero seguro voy a leer más publiciones tuyas. 🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola, Dorota. ¡Qué gusto me da que te haya gustado la publicación! Y muchas gracias por tu interés en el blog.
      Este año planeo estar un poco más activa en él. ¡Saludos! 😊

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